Escribes tres frases, esperas veinte segundos y tienes una web entera. Es una demo impresionante. También es, casi siempre, una mala decisión de negocio. El diseño web con IA resuelve la parte fácil del problema —generar pantallas— y deja intacta la difícil: que esa web posicione, convierta, sea accesible y se pueda mantener.

Este artículo no va contra la inteligencia artificial. Va contra la idea de sustituir el criterio profesional por un generador automático y llamarlo proyecto web.

La demo es espectacular. El problema llega después

Un generador optimiza para que el resultado parezca correcto en los primeros diez segundos, porque es lo único que puede evaluar. Nadie le pide que piense en quién te compra, en qué buscan tus clientes o en qué pasa cuando entra un texto el doble de largo. Los problemas aparecen en la semana tres, no en el minuto uno.

1. Código inflado que destroza el rendimiento

Las webs generadas tienden a apilar capas: contenedores que no hacen nada, estilos duplicados, animaciones por defecto y librerías enteras cargadas para un efecto. El resultado son páginas pesadas que suspenden en móvil, justo donde está la mayor parte de tu tráfico. Y como nadie sabe qué hace cada trozo, tampoco se puede limpiar sin miedo a romper algo.

Pantalla llena de código JavaScript generado automáticamente
Código que funciona en la demo y se rompe en cuanto entra un dato real.

2. SEO de adorno

Es habitual encontrar el mismo título repetido en veinte páginas, descripciones automáticas sin intención de búsqueda detrás y una jerarquía de encabezados inventada. Lo más caro no es lo que falta, sino lo que se hace mal sin que nadie lo note:

3. Accesibilidad inexistente

Contrastes insuficientes, imágenes sin texto alternativo útil, formularios sin etiquetas asociadas y componentes que no se pueden usar con el teclado. Además del problema ético y de negocio —estás dejando gente fuera— hay un problema normativo creciente: la accesibilidad digital ya es una obligación legal para muchos servicios dirigidos a consumidores en la Unión Europea.

4. Contenido genérico y, a veces, directamente falso

El texto generado suena bien y no dice nada: «soluciones innovadoras adaptadas a tus necesidades». Peor aún, un modelo puede inventarse datos, certificaciones, años de experiencia o cifras de clientes. Publicar eso en la web de tu empresa no es un descuido de estilo: es una afirmación comercial falsa con tu nombre encima.

5. Riesgos legales y de propiedad

Desarrollador revisando en el móvil una web programada en el portátil
Ninguna IA comprueba hoy tu web en un móvil real, con mala cobertura y un usuario con prisa.

6. Nadie mantiene lo que nadie entiende

Este es el coste oculto que casi nunca se calcula. Cuando algo falla —y va a fallar— no hay decisiones documentadas, ni convenciones, ni una persona que sepa por qué el código está hecho así. Arreglar una web generada suele costar más que rehacerla, y esa factura llega a los seis meses, cuando ya la habías dado por amortizada.

Entonces, ¿la IA no sirve para nada?

Sí sirve, pero como herramienta dentro de un proceso con un profesional responsable al mando, no como sustituto del proceso. Usada así, ahorra tiempo real:

La diferencia es sencilla: la IA como copiloto mejora el trabajo. La IA como piloto te deja una web que parece terminada y no lo está.

Cómo detectar una web hecha con IA sin criterio

En resumen

Generar una web con IA es barato el primer día y caro el resto del año. Si tu web es un escaparate secundario, quizá te compense. Si de ella dependen tus clientes, contrata criterio: alguien que entienda tu negocio, que responda cuando algo se rompa y que use la IA donde de verdad aporta.

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